Sábado 03 de junio

Primera Lectura: Hechos 28, 16-20.30-31
"Pablo permaneció en Roma y predicaba el Reino de Dios"
En aquellos días, cuando entramos en Roma, le permitieron a Pablo quedarse en una casa particular, con un soldado que lo custodiara. Tres días después, Pablo convocó a los judíos principales. Cuando llegaron les dijo:
«Hermanos, sin haber hecho nada contra el pueblo ni contra las costumbres de nuestros antepasados, fui detenido en Jerusalén y entregado a los romanos. Ellos, después de interrogarme, quisieron ponerme en libertad, porque no encontraron en mí ningún cargo por el que mereciera la muerte. Pero, como los judíos se opusieron, me vi obligado a apelar al emperador, aunque sin intención de acusar a mi pueblo. Este es, pues, el motivo de haberlos llamado. Quería verlos y conversar con ustedes, pues a causa de la esperanza de Israel llevo estas cadenas».
Pablo estuvo dos años enteros en una casa alquilada por él, y allí recibía a todos los que iban a verlo. Podía anunciar el reino de Dios y enseñar cuanto se refiere a Jesucristo, el Señor, con toda libertad y sin obstáculo alguno.

Salmo Responsorial: 10
"El Señor verá a los justos con complacencia."
El Señor está en su templo santo, el Señor tiene su trono en los cielos; sus ojos están
observando, sus pupilas examinan a los hombres.
El Señor verá a los justos con complacencia.

El Señor examina al justo y al malvado, y aborrece al que ama la violencia. Porque el Señor es justo y ama la justicia, los honrados contemplarán su rostro.
El Señor verá a los justos con complacencia.

Evangelio: Juan 21, 19b-25
"Este es el discípulo que ha escrito estas cosas, y su testimonio es verdadero"
En aquel tiempo, Jesús le dijo a Pedro:
«Sígueme».
Pedro miró alrededor y vio que, detrás de ellos, venía el otro discípulo a quien Jesús tanto amaba, el mismo que en la última cena estuvo reclinado sobre el pecho de Jesús y le había preguntado: “Señor, ¿quién es el que te va a entregar?”
Cuando Pedro lo vio preguntó a Jesús:
«Señor, y éste ¿qué?»
Jesús le respondió:
«Si yo quiero que él permanezca hasta que yo vuelva de nuevo, ¿a ti qué? Tú, sígueme».
Estas palabras fueron interpretadas por los hermanos en el sentido de que este discípulo no iba a morir. Sin embargo, Jesús no había dicho a Pedro que aquel discípulo no moriría, sino: “Si yo quiero que él permanezca hasta que yo venga de nuevo, ¿a ti qué?”
Este es el discípulo que da testimonio de todas estas cosas y las ha escrito. Y nosotros
sabemos que dice la verdad.
Jesús hizo muchas otras cosas. Si se pusieran todas por escrito, pienso que ni en el mundo entero cabrían los libros.

 
       

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