Viernes 02 de junio

Primera Lectura: Hechos 25, 13-21
"Pablo asegura que está vivo un hombre llamado Jesús, que había muerto"
En aquellos días, el rey Agripa y Berenice vinieron a Cesarea a saludar a Festo. Como se
quedaron allí muchos días Festo expuso al rey el asunto de Pablo:
«Hay aquí un hombre que Félix dejó encarcelado. Cuando estuve en Jerusalén, los sumos
sacerdotes y los ancianos de los judíos me presentaron una acusación contra él pidiendo su condena. Yo les respondí que los romanos no suelen condenar a ningún hombre antes que el acusado comparezca en
presencia de los acusadores y tenga oportunidad de defenderse de la acusación.
Sin demorarme, al día siguiente lo hice venir aquí, me senté en el tribunal y mandé traer a ese hombre. Los acusadores comparecieron, pero no presentaron ninguno de los cargos que yo sospechaba. Sólo lo acusaban de ciertas cuestiones referentes a su propia religión y a un tal Jesús, ya muerto, y que, según Pablo, está vivo.
Como no entendía muy bien aquella discusión, le dije a Pablo si quería ir a Jerusalén para ser juzgado allí. Pero entonces él solicitó ser juzgado por el emperador Augusto. Así que he ordenado que lo dejen en la cárcel hasta que se presente la oportunidad de remitirlo al
emperador».

Salmo Responsorial: 102
"Bendice, alma mía, al Señor."
Bendice al Señor, alma mía y todo mi ser a su santo nombre. Bendice al Señor, alma mía, no te olvides de sus beneficios.
Bendice, alma mía, al Señor.

Como la altura del cielo sobre la tierra, así es su amor con los que lo respetan; y como está lejano el oriente del poniente, así aleja de nosotros nuestros crímenes.
Bendice, alma mía, al Señor.

El Señor estableció su trono en los cielos, ejerce su dominio sobre todas las cosas. Bendigan al Señor, ángeles suyos, poderosos guerreros ejecutores de sus órdenes.
Bendice, alma mía, al Señor.

Evangelio: Juan 21, 15-19
"Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas"
Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos y, comiendo con ellos, preguntó a Simón Pedro:
«Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?»
Pedro le contestó:
«Sí, Señor, tú sabes que te quiero».
Entonces Jesús le dijo:
«Apacienta mis corderos».
Jesús volvió a preguntarle:
«Simón, hijo de Juan, ¿me amas?»
Pedro respondió:
«Sí, Señor, tú sabes que te quiero».
Jesús le dijo:
«Cuida de mis ovejas».
Por tercera vez insistió Jesús:
«Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?»
Pedro se entristeció, porque Jesús le había preguntado por tercera vez si lo quería, y le respondió:
«Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero».
Entonces Jesús le dijo:
«Apacienta mis ovejas. Te aseguro que cuando eras más joven, tú mismo te vestías e ibas adonde querías; pero cuando seas viejo extenderás los brazos y será otro quien te vestirá y te conducirá adonde no quieras ir».
Jesús dijo esto para indicar la clase de muerte con la que Pedro daría gloria a Dios. Después le dijo:
«Sígueme».

 
       

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